martes, 17 de febrero de 2009

La Hitoria del Principe

La verdadera historia, los motivos e intenciones de Snape, son reveladas en el capitulo 33 del 7º libro 'Harry Potter y las Reliquias de la Muerte' y son realmente asombrosas, aunque un poco deducibles por aquellos que pisieron más atencion a los parlamentos del profesor de posiones a lo largo de toda la saga. Durante los 5 primeros libros me negué rotundamente a creer que Snape fuese aun un mortifago y basaba mi creencia a la ciega confianza que le profesaba Dumbledore, ademas Snape lo habia salvado del mal de ojo que Quirrell le hacia durante su primer partido de Quidditch.
No se si me identificaba o no con Sev, pero me encantaba su modo tan peculiar, unico y sarcastico, me divería imitando sus sonrisas irónicas y repitiendo sus brulas pesadas, imaginando sus caras exactamente como Rowlling las describía. Aunque debo reconocer que todo ese 'fanatismo' por el personaje, se lo debía más al actor que lo interpretaba, que a las descripciones de J.K, porque nadie, NADIE, JAMÁS pudo o podría interpretar a Severus Snape como Alan Rickman ;). A parte de todo lo ya mencionado, un poco lo admiraba por su talento, tampoco nadie puede negar que era un Gran Mago, sus deducciones lógicas, sus respuestas entre hirientes y certeras y su habilidad para la oclumancia.
La verdad es que de los 'antagonistas', porque nunca lo consideré del todo bueno, menos después de saber que habia sido (o era, siempre fue muy confuso en los primeros libros) mortífago, siempre fue el personaje que más me gustó, podría incluso decir que cuando tenía porfin un libro entre mis manos lo leía afanosamente hasta llegar a los 'conflictos' entre Snape y Harry, para leer esas líneas las veces que fueran necesarias, hasta aprenderlas y reflexionarlas. Eran mis páginas favoritas, las cuales saboreaba lentamente. Debo reconocer que siempre fue un total secreto, ya que a nadie le agradaba Snape y hablaban en su contra, yo guardaba silencio, porque dentro de mi resentía en el hecho de que fuera mortífago, eso era una verguenza, algo imperdonable y repudiable.
La verdad es que empezé a cambiar de parecer cuando leí El Prisionero de Azkaban, porque inevitablemente me había 'enamorado' de Sirius, de su historia, de su lealtad, ese 'genio insoportable' que describia la Dama Gorda me intrigaba, el hecho de que fuera un animago, lo que daba a entender que era un mago con talento, pero más aun me intrigaba el lazo que lo unía a Lupin, ese profesor bonachón que se ganó el corazón de todos de tal manera que a nadie le parcia relevante que fuese un Hombrelobo ... lo que cambió realmente mi parecer fue la verdad que se ocurrió en la casa de los gritos :
Snape estaba casi sin aliento, pero su cara rebosaba sensación de triunfo.
—Tal vez os preguntéis cómo he sabido que estabais aquí —dijo con los ojos relampagueantes—. Acabo de ir a tu despacho, Lupin. Te olvidaste de tomar la poción esta noche, así que te llevé una copa llena. Fue una suerte. En tu mesa había cierto mapa. Me bastó un vistazo para saber todo lo que necesitaba. Te vi correr por el pasadizo.
—Severus... —comenzó Lupin, pero Snape no lo oyó.
—Le he dicho una y otra vez al director que ayudabas a tu viejo amigo Black a entrar en el castillo, Lupin. Y aquí está la prueba. Ni siquiera se me ocurrió que tuvierais el va­lor de utilizar este lugar como escondrijo.
—Te equivocas, Severus —dijo Lupin, hablando apri­sa—. No lo has oído todo. Puedo explicarlo. Sirius no ha veni­do a matar a Harry.
—Dos más para Azkaban esta noche —dijo Snape, con los ojos llenos de odio—. Me encantará saber cómo se lo toma Dumbledore. Estaba convencido de que eras inofensivo, ¿sa­bes, Lupin? Un licántropo domesticado...
—Idiota —dijo Lupin en voz baja—. ¿Vale la pena volver a meter en Azkaban a un hombre inocente por una pelea de colegiales?
¡PUM!
Del final de la varita de Snape surgieron unas cuerdas delgadas, semejantes a serpientes, que se enroscaron alrede­dor de la boca, las muñecas y los tobillos de Lupin. Este perdió el equilibrio y cayó al suelo, incapaz de moverse. Con un rugi­do de rabia, Black se abalanzó sobre Snape, pero Snape apun­tó directamente a sus ojos con la varita.
—Dame un motivo —susurró—. Dame un motivo para hacerlo y te juro que lo haré.Black se detuvo en seco. Era imposible decir qué rostro irradiaba más odio. Harry se quedó paralizado, sin saber qué hacer ni a quién creer. Dirigió una mirada a Ron y a Her­mione. Ron parecía tan confundido como él, intentando toda­vía retener a Scabbers. Hermione, sin embargo, dio hacia Snape un paso vacilante y dijo casi sin aliento:
—Profesor Snape, no... no perdería nada oyendo lo que tienen que decir; ¿no cree?
—Señorita Granger; me temo que vas a ser expulsada del colegio —dijo Snape—. Tú, Potter y Weasley os encon­tráis en un lugar prohibido, en compañía de un asesino esca­pado y de un licántropo. Y ahora te ruego que, por una vez en tu vida, cierres la boca.
—Pero si... si fuera todo una confusión...
—¡CALLATE, IMBÉCIL! —gritó de repente Snape, des­compuesto—. ¡NO HABLES DE LO QUE NO COMPRENDES! —Del final de su varita, que seguía apuntando a la cara de Black, salieron algunas chispas. Hermione guardó silencio, mientras Snape proseguía—. La venganza es muy dulce —le dijo a Black en voz baja—. ¡Habría dado un brazo por ser yo quien te capturara!
—Eres tú quien no comprende, Severus —gruñó Black—. Mientras este muchacho meta su rata en el castillo —señaló a Ron con la cabeza—, entraré en él sigilosamente.
—¿En el castillo? —preguntó Snape con voz melosa—. No creo que tengamos que ir tan lejos. Lo único que tengo que hacer es llamar a los dementores en cuanto salgamos del sauce. Estarán encantados de verte, Black... Tanto que te darán un besito, me atrevería a decir...
Amé estos párrafos, hasta el día de hoy los cuento entre los mejores de la saga. Pero la actitud de Snape me desconcertaba, sentí en ese momento que debía elegir un bando y preferí el de Black ... aunque sentía inmensa curiosidad por el significado de estas palabras:
—¡SILENCIO! ¡NO PERMITIRÉ QUE ME HABLES ASÍ! —chi­lló Snape, más furioso que nunca—. ¡De tal palo tal astilla, Potter! ¡Acabo de salvarte el pellejo, tendrías que agradecér­melo de rodillas! ¡Te estaría bien empleado si te hubiera ma­tado! Habrías muerto como tu padre, demasiado arrogante para desconfiar de Black. Ahora quítate de en medio o te quitaré yo. ¡APARTATE, POTTER!